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EL EMPRENDEDOR INTERNACIONAL Iniciar una aventura empresarial no suele ser tarea fácil. Existe un gran número de trabas, desde aspectos legales, pasando por carencias de formación, barreras de tipo económico y hasta sociales y personales, configurando un entramado que el emprendedor debe superar, independientemente del tipo de negocio de que se trate. En el caso del emprendedor internacional, estas dificultades se acrecientan enormemente. Si las personas que inician su andadura en el mundo de los negocios lo hacen por primera vez y además intentan introducirse en un ámbito internacional, el panorama puede ser desolador. En primer lugar, es obvio que quienes deciden expandir su empresa fuera de sus fronteras normalmente cuentan con una larga experiencia en sus mercados locales. La decisión de extrapolar sus negocios más allá de su área habitual es consecuencia de diversos factores, como aprovechar oportunidades puntuales, la necesidad de dar salida a productos o servicios que se encuentran en fase de decadencia en su mercado original, contrarrestar circunstancias adversas, o simplemente la búsqueda de nuevos retos y oportunidades en mercados que puedan imprimir un crecimiento a la empresa, tanto cuantitativo como cualitativo. Dejando a un lado este tipo de empresas, que actúan de forma lógica al crecer progresivamente, el emprendedor internacional puede tener posibilidades de éxito si en su proyecto se dan las condiciones necesarias para que salga adelante. No por ser experto se tiene garantizado el éxito, de igual forma que por tratarse de una empresa novel se tiene garantizado el fracaso. Es evidente que las dificultades que encontrará esta última son mucho más numerosas en comparación con la empresa asentada en sus mercados locales, y muchas más si esta cuenta ya con alguna experiencia internacional. Pero debemos tener en cuenta que en el momento de iniciar la expansión, tanto los expertos en mercados locales como la nueva empresa que nace se pueden llegar a encontrar en el mismo punto de partida, cuando se trata de alcanzar mercados fuera de las fronteras nacionales. A partir de este punto, de fronteras hacia el exterior, el idioma es diferente para ambas, las costumbres, la apreciación subjetiva que los potenciales clientes tengan del país exportador la imagen de sus empresas y productos, las barreras arancelarias, los requisitos de calidad, etc, son igualmente los mismos para los dos tipos de empresa. Si la empresa que nace dispone de un producto o servicio exportable, en principio no deberían existir barreras para que esos productos fueran colocados en el mercado europeo, salvando lógicamente las barreras económicas y logísticas que podrían hacer inviable exportar, debido al exceso de costes. Por otro lado, el mercado comunitario ofrece un sinfín de oportunidades para el emprendedor. La desaparición de las barreras tradicionales , determina que en muchas ocasiones sea más rentable para una empresa asturiana, por ejemplo, vender en Lyon que en Valencia. En el fondo, todo se reduce a un aprovechamiento de oportunidades, consiguiendo los precios de venta más adecuados con los menores costes posibles. Si pensamos que en España somos cuarenta millones de habitantes y la población comunitaria actual alcanza los trescientos, nos podremos hacer una idea del mercado potencial que tenemos más allá de nuestras desaparecidas fronteras económicas. Pero aún hay más razones para que una empresa, aunque sea nueva, si puede exportar, lo haga. En los países socios también existen emprendedores, también pueden ver nuestro mercado como un mercado apetecible y pueden desembarcar en nuestro país, pasando a formar parte de esas empresas que constituirán nuestra competencia. Si ampliamos nuestro mercado potencial, el impacto que produzcan en nuestro entorno será menor. El emprendedor que decida internacionalizarse debe disponer de unas características determinadas, ya que, como exponíamos anteriormente, si no dispone de experiencia previa se encontrará con grandes dificultades, aunque estas no son insalvables. Lo primero y más importante que se debe tener es un gran disciplina personal, unida a una gran capacidad de esfuerzo y honestidad, así como honradez. Esto, que a primera vista pueden parecer características secundarias, que deberían estar por debajo de aspectos como la formación, capacidad económica, ambición, etc, es lo que diferencia al gran emprendedor del mediocre. Sin estas características, el emprendedor no es un luchador. Es un mero iniciador de una actividad, que apuesta porque dispone de medios materiales, pero no persigue aspectos que a priori pueden parecer insignificantes para la actividad de lucro que se persigue, como el bien común a través de un servicio prestado a la sociedad, a su región, producción de empleo, en definitiva, lo que se ha expuesto tantas veces como "devolver a la sociedad los recursos que de esta se obtienen". Sin autodisciplina, no es posible elaborar planes y llegar a ejecutarlos de forma eficiente. Sin espíritu de sacrificio no nos podemos enfrentar a las dificultades con un estado de ánimo positivo. Sin honradez, a medio-largo plazo perderemos credibilidad, incluso nos veremos involucrados en problemas legales. A parte de lo expuesto, y como consecuencia de las características mencionadas, la perseverancia nos conducirá a sacar el mejor partido de la formación, a explotar al máximo las oportunidades, ganaremos la confianza de nuestro clientes y proveedores, nos ayudará a superar los malos momentos que seguramente truncarán más de una vez las esperanzas puestas en el proyecto, y nos acercará a las puertas del éxito, entendiendo este como la satisfacción de los objetivos fijados, no como el clímax de nuestras aspiraciones en el empeño empresarial. Dejando a un lado los factores que determinan el perfil "espiritual" del emprendedor, este debe incidir, para su desarrollo en el mercado internacional, en conseguir el máximo perfeccionamiento en los siguientes puntos:
Es evidente que la capacidad económica es un factor clave. No obstante, es el único prescindible. Existen posibilidades de llevar adelante un proyecto cuando dicha capacidad está mermada. La clave es el capital intelectual, el capital humano. Con un buen proyecto, siempre tendrás la posibilidad de llegar a alguien dispuesto a apostar por él. Si dispones de medios económicos pero te falta ese "espíritu" emprendedor, posiblemente estés abocado al fracaso. Por último, tan importante es saber aprovechar a tiempo las oportunidades, como saber retirarse en el momento oportuno. Una sólida formación, junto con una gestión eficaz de la información, te ayudarán a detectar los obstáculos y desviaciones que puedan aparecer en tus planes y relaciones si te falta experiencia. Investiga, planifica, mantente permanentemente informado, valora y asegura tus riesgos, no bajes la guardia. Si no puedes abarcar todas estas premisas, externaliza estas actividades. El tiempo te concederá la mayor rentabilidad.
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